lunes, 8 de diciembre de 2014

Grow Up



Some of us have to grow up sometimes & so if I have to, I’m gonna leave you behind.

"He pasado toda mi vida trabajando para que tuvieses una vida fácil y no tuvieras razones para quejarte. Todo el tiempo que invertí en ti fue invertido con amor, aunque no sé si lo pudiste notar, por todo eso, esperaba ser recompensado con logros que me hicieran sentir orgulloso de ser tu padre. Gracias a mi tienes el mundo a tus pies y puedes tomar el rumbo que quieras, pero solo quiero que sepas que no estoy dispuesto a asumir las consecuencias de otra equivocación tuya..."
                                
 - Hey sí, eso es lo que me dice siempre, ya lo sé de memoria.

- Igual sabes que la cagaste feo, no puedes quejarte. Lo que te diga o haga lo tendrás merecido.

- He hecho cosas peores, pero él no sabe. Supongo que debo seguir así, con mi padre no hay forma de crear lazos de confianza.


La confianza no es algo que se exige. ¿Qué podemos hacer si nos piden algo que se nos hace imposible dar? Para los adolescentes, confiar en alguien es como comenzar a leer un libro del que nunca hemos escuchado alguna referencia, así como podemos terminarlo satisfactoriamente, podemos dejarlo a la mitad por la decepción que no pueda causar. Por dichas decepciones, confiar en alguien es mucho más difícil. 

Tal vez nuestras vidas tengan esperanza de renovarse (desde nuestro punto de vista) pero para otras personas nuestras vidas no tienen rumbo ni esperanza de mejoría, muchas veces las personas que piensan eso son nuestros propios padres. Los adolescentes nos sentimos acorralados cuando nuestros padres (inconformes con el rumbo que llevan nuestras vidas) nos exigen que confiemos en ellos y seamos honestos. ¿Para qué? sabemos que la conclusión de toda charla honesta y  "familiar" es que nosotros somos egoístas y no valoramos un montón de cosas que no supimos en que momento recibimos. En ese callejón, la única salida se mentir, una y otra vez, para evitar la incomodidad de esas charlas, sin importar que el lazo familiar cada vez sea más débil.

Como se lo recalcaba su familia cada vez que se daba el momento, Mario ya llevaba una vida fácil, por eso para él no existía la posibilidad de que su familia tuviera conocimiento de sus hobbies, los cuales para una familia conservadora como la de él eran casi un pecado. Su familia es la típica familia que cree que el dinero soluciona todo tipo de problema, para Mario eso no era algo malo, la falta de afecto dejo de ser algo relevante para él durante su infancia. No se cómo hay personas que exigen confianza cunado no ofrecen cariño. Es difícil explicar y entender cómo se pueden exigir infinidades de actitudes y aptitudes con el único fin de evitar escándalos que pongan en riesgo la imagen frente a una sociedad cada vez más materialista. 

¿Para qué buscar afecto en tu familia, la cual no te conoce? Puedes buscarlo en otras personas que si te entienden y que por algún motivo disfruten estar contigo. Esto era lo que Mario se repetía cada vez que sus padres y abuelos le preguntaban sobre su vida tratando aparentar ser la familia perfecta. Siempre será más fácil decir lo que las personas quieren escuchar para no dar explicaciones más largas.

- Hoy debo volver a casa y es obvio que tendré que dar respuestas.

- Haz lo mismo de siempre, eres un experto mintiendo.

- Mi papá ya viene, seguro con mi abuelo para joderme desde aquí hasta llegar a la casa. Siempre buscan la forma de cagarme más la vida. 

Como Mario imaginaba, su padre llegó con el abuelo y el saludo fue un dulce "Apaga el celular, está lloviendo fuerte". Salieron de la Clínica y luego de subirse al carro. Mario ya se preparaba para la cantaleta. Nadie dijo nada, fue un largo trayecto y en el que solo se escuchaba la lluvia; la tensión era obvia, algo era diferente, se sentía el enojo y la decepción, pero el auto estaba lleno de una paz que hacía que Mario se sintiera a punto de entrar al infierno.

Al llegar, el miedo no le permitía caminar normalmente, hizo el esfuerzo de disimular y seguir adelante. Una vez adentro vio a su mamá con cierta actitud que le produjo más vergüenza que miedo. No quiso subir, pensó que era mejor recibir todo de una vez. 

- Ya no sabemos que hacer contigo. Sube a descansar. 

Solo se escuchó eso, Mario obedeció y en su cuarto no sabía qué hacer, no tenía nada claro en su cabeza. ¿Por qué no hicieron nada? ¿Por qué seguía vivo? ¿Por qué dicen que no saben qué hacer si nunca no han sabido? Eran tantas preguntas que no lo dejaban disfrutar el sonido de la lluvia. La mezcla de miedo, vergüenza y ansiedad hizo que las lágrimas salieran una tras otra. Nunca había llorado de esa manera y aunque en las noches de soledad lo hacía para desahogarse, esta vez era diferente, no lloraba porque no estaba conforme con su vida, lloraba porque no sabía cómo sería su vida a partir de ese momento, ya no era el mismo de antes y eso lo asustaba mucho, llorar era la respuesta que le daba su cuerpo, llorar en silencio hasta dormir. 

Los días siguientes fueron largos, casi eternos, en la casa nadie hablaba del tema, para Mario ese fue el peor castigo de su vida. Su conciencia no le permitía salir o invitar amigos, Durante el día su compañía eran los audífonos y solo salía de su cuarto para comer, pasaba las noches desvelado pensando en lo que había hecho y cómo sucedieron las cosas, para hallar respuestas, sus pensamientos se interrumpían cuando sonaba alguna canción como Ain't it fun que lo hiciera llorar mientras le recordaba qué tan dura es la realidad y cuán difícil es afrontarla.



"I’m too tired of always being mad at the world, won’t you just admit you don’t care?" Paramore :)